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Fue el pasado dÃa 2 de Junio que publiqué mi último post en este blog, y mi alejamiento no puedo atribuirlo a la falta de tiempo o la escacés de temas, sino a un extraño aletargamiento que he venido sufriendo en las últimas semanas. No es que tenga dos meses asÃ: en realidad el mes de Julio tuve un media de trabajo de 16 horas diarias y justo antes de eso crucé el océano Atlántico para atender asuntos de trabajo en Madrid por diez dÃas, entre otras actividades intensas, incluyendo otros viajes; sin embargo, el mes de Agosto ha sido un gran agobio ponerme a trabajar o incluso escribir post en este blog o para otras publicaciones técnicas en dónde suelo colaborar. En este mes he leÃdo algunos libros, jugado poco al ajedréz, me he desconectado prácticamente de los blogs a los que doy normal seguimiento, incluso mi actividad social se ha visto prácticamente suspendida. Quizás en algo ha influido que mis socios y compañeros de trabajo se hayan marchado de vacaciones (a pesar de los varios años de trabajar con europeos no logro acostumbrarme a las vacaciones de Agosto que suelen tomarse), y mis messengers y chats hayan estado totalmente muertos en temas de los proyectos que llevamos. Verles en lÃnea y el aireamiento de los temas comunes quizás son un acicate intelectual más importante de lo que tenÃa por valioso. Sin embargo creo, y es una hipótesis que me he determinado verificar, que la explicación más realista es que quizás haya llegado al tope posible en mi Ãndice de productividad. Según ciertos estudios publicados aquà y allá, entre ellos el Banco Mundial, la tasa promedio de crecimiento de la productividad de los trabajadores "altamente especializados" (dada la división del trabajo según especialidades cada vez más atomizadas) es de un 15% anual. Aún haciendo los ajustes por dispersión de esfuerzos creo haber pasado un poco más de ese valor en los últimos tres o cuatro años (quizás próximo al 20%), precisamente coincidiendo con el inicio de mi último proyecto de consulting pagado por el Banco Mundial y finalizado hace un par de años, el cual me arrojó a aguas profesionales aún más profundas y especializadas en las cuales actualmente ahora laboro. Dado que el número de proyectos contratados y entregados ha ido en aumento año tras año, y en especial en el 2007 y 2008 por el tirón de clientes en la Europa quizás espoleados por la "Iniciativa Lisboa" de la Unión Europea, siendo cada proyecto una vuelta de tuerca más al nivel de complejidad de la solución propuesta o en el número de tareas estimadas, no me cabe duda de que esta última asignación (la que ahora estoy desarrollando como actividad principal) ha sido la cuña que atascó la polea. El proyecto no es técnicamente complicado y es lo que me hace sentir peor. Al parecer al bajar el nivel de ingenierÃa y aumentar el número de tareas "aburridas" la adrenalina y epinefrina que alimentaba en mà el crecimiento de la productividad, o en palabras más llanas "la motivación", han bajado a cotas asombrosamente preocupantes (irónicamente el incremento en el cobro de honorarios no es un estÃmulo consistente una vez se han cubierto las necesidades más básicas, pasando a ser lo más importante la "diversión" que el trabajo provee). De tener yo razón en el postulado de esta hipótesis, la solución "natural" será concluir este trabajo y empezar otro más divertido. Pero, el problema justamente es terminar este proyecto bajo las actuales condiciones anÃmicas. Quizás la "bajada de la colina" sea más divertida una vez inicie el proceso de ir ensamblando los distintos subsistemas desarrollados y se empiece a ver el fruto del esfuerzo. Mientras, todo es un gran agobio.
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